miércoles, enero 3

CON LOS OJOS CERRADOS



Y una oleada de pequeñas mariposas fue inundando el cielo de la casa. Diminutas, saltarinas, viajeras que quizás buscaban su alborada en las decenas de luces del árbol de Navidad. No sé si eran atraídas por los múltiples colores con que brillaban o por la gran estrella roja que casi flotaba en su cima. Todas las noches, cuando encendía el farol de la cocina, encontraba en el techo a mis nuevas visitantes. Hasta que un día descubrí a una hermosa mariposa, seguramente diseñada por un artista cósmico. Una mariposa de Madagascar. Casi extintas, ¿cómo había llegado hasta aquí? ¿Qué querría decirme con el hermoso misterio de su viaje? Me senté en silencio, deslumbrado, buscando palabras hasta que entendí que esa clase de belleza no puede narrarse. Sólo miraba cuando unas palabras, que no eran mías, empezaron a danzar en mi mente:
—Estoy aquí para invitarte a un viaje cuyo destino eres tú. No es un viaje a lo que deseas sino un viaje a lo que eres. Un viaje a tu propia magia. No necesitarás aviones ni barcos, ni coches ni cohetes. Confía y volarás hasta abrir la puerta del templo, el Sol sagrado que brilla en ti y que no has descubierto a plenitud. Entonces algo maravilloso emanará de ti, y tu belleza, distinta pero igual que la mía, tampoco podrá ser descrita. Sólo sentida.
Aquella noche dormí el más profundo de los sueños. Soñé que volaba sin cambiar de lugar, pero sí de naturaleza. Di gracias y cuando fui a ver a mi hermosa mariposa, se había ido. Cerré los ojos y pude vislumbrar cómo se alejaba en su rastro de estrellas.
—Encontrarás la luz si ves con los ojos cerrados. —Fueron sus últimas palabras.

©José Oviedo

lunes, enero 1

Al otro lado, José Enrique Del Monte



Al otro lado
tan distinta la piel que se repite
no lo sé
doce campanadas pueden sonar iguales
cuando se espera nada nuevo
pero es tan distinto el rompeolas
las sendas de futuros imperfectos
los ruidos que engrandecen los aromas

Tal como me contaron
aquí la tarde se detiene
para posponer la noche
gladiolos que se abren
con una sola gota
la tierra se mueve
como si navegara lejos
lejos, lejos
un rumor de placidez atrasa relojes
se entorpecen las gaviotas en sus giros
un puñado de arcilla sirve
para afincar memoria

Este es el otro lado
tan cotidiano que acaricia las horas
un azul inmenso
un verde avasallante
intensas olas
que agrandan la esperanza
he visto a las hormigas acercarse a la orilla
solo para conocer el riesgo
retornan risueñas
y se confunden entre ellas
como si fueran otras
es tan vasto este contorno
para suponernos tiernos
o tal vez concedernos infinito

En este lado
las cosas se asemejan al eco
retornan en voces
o descansan en las manos
se convierten en sirenas
o cabalgan sobre la espalda
de las hojas
bata mirar el horizonte
para saberte de este lado
no es suficiente la nostalgia
para tantas repeticiones de asombro"

José Enrique Delmonte Soñé
"La redondez de lo posible", XV Premio Internacional
de Poesía "León Felipe", Tábara, 2017

martes, agosto 22

Una boca pálida, por Farah Hallal


Una mano sangrante
se me funde en el pecho.
La perfección del pétalo
tiene este charco de sangre.
Una  boca muere gozosa y poseída,
mendigando perderse en un flujo
de saliva pura.

El agonizante beso, destilado y solo,
rueda en mí con la pesadez de la roca.

No habrá happy face esta noche
porque el dolor es una mueca
y la muerte se ha desvelado,
la vi pasar con los ojos abiertos.

Encenderé las velas
con el fuego que prestará mi lengua
y serviré el café extraído
de los ojos que uso para mirarte
cuando no te veo.

Dentro de poco
también me desangraré de alma
y mi boca será tan pálida
como una orquídea
que sugiere sexo.

©Farah Hallal

domingo, agosto 13

EVARISTO LAGUNA: Dos historias y una utopía por la convivencia pacífica



El escritor sevillano Evaristo Laguna Téllez, autor de 'El heredero de Abdel', posa con un ejemplar de su novela. / JUAN CARLOS VÁZQUE


LAURA JURADO
13 Agosto, 2017

Un pueblo ficticio sirve de punto de encuentro para dos historias que corren paralelas en periodos distintos: una transcurre a mitad del siglo XVI; la otra, en los convulsos años 90 del siglo XX. Ambas se hilvanan envueltas en misterios y utopías y dan como resultado una trama que sólo se desvela en la última frase. El argumento forma parte de la novela titulada El heredero de Abdel, que quedó finalista en el Premio Planeta y hace dos años obtuvo el galardón de Novela Felipe Trigo que el Ayuntamiento de Villanueva de la Serena (Badajoz) convoca cada año.

Su autor, Evaristo Laguna, vecino de Mairena del Aljarafe, no recuerda con exactitud cuándo comenzó a escribir. Lo que sí sabe es que la escritura se ha convertido en una forma de entender el mundo y en una vocación que combina con su profesión como administrativo. En el cajón de su casa guarda seis novelas más, pendientes de publicar, y una veintena de cuentos. "A menudo me digo que escribo para enterarme de las cosas porque, cuando plasmas sobre el papel las ideas, la reflexión se vuelve más intensa y todo se comprende mejor", señala.

LA NOVELA ES UN REFLEJO DE LAS INQUIETUDES DE SU AUTOR E INCLUYE REFLEXIONES Y MISTERIOS

Su última obra es, precisamente, eso: un compendio de inquietudes del autor que le hacen, más allá de resultar una novela histórica al uso, abrazar las reflexiones propias de la literatura. "Percibo que hay demasiada influencia del cine en las páginas de los libros actuales y creo que tiene que haber alguna desconexión. La lectura debe aportar ideas, reflexión y conocimiento", apunta.

Del argumento se desprende también una utopía que gira en torno a una convivencia pacífica entre distintas religiones, clases sociales y opiniones. Como de hecho existió en la Toledo medieval, hoy conocida como la ciudad de las Tres Culturas por la coexistencia de las tres religiones monoteístas. Una idea que, según el autor, se desvanecería hoy al contacto con la actualidad. "Con la radicalización del islam, cada vez es más complicado concebir una utopía como tal", comenta.

Su faceta como artista no se limita al mundo de las letras. La música -llegó a cantar con Carlos Cano-, la escultura o la pintura son otras de sus aficiones. Además del arte, el escritor diseña bases de datos para facilitar las investigaciones de los hospitales. Irrumpió en la informática cuando ésta era aún una asignatura pendiente en España. De ahí a aprender a programar y a diseñar páginas web fue sólo un paso más que aprendió a dar él mismo.

Cuando le preguntan de dónde saca el tiempo para cultivar tantas aficiones y dedicaciones, el escritor sonríe y confiesa que siempre le ha gustado ser un poco trapillero del tiempo. "Aprovecho los ratitos que se me brindan para tratar de buscar la belleza que hay en la vida", concluye.

http://www.diariodesevilla.es/vivirensevilla/historias-ButopiaB-convivencia-pacifica_0_1162984221.html

martes, julio 18

Juan Bosch a Demorizi



La Habana, 14 de junio de 1943.

Mis queridos Emilio Rodríguez Demorizi, Héctor Incháustegui y Ramón Marrero Aristy:
 USTEDES SE VAN MAÑANA, creo, y antes de que vuelvan al país quiero escribirles unas líneas que acaso sean las últimas que produzca sobre el caso dominicano como dominicano. No digo que algún día no vuelva al tema, pero lo haré ya a tanta distancia mental y psicológica de mi patria nativa como pudiera hacerlo un señor de Alaska.
En primer lugar, gracias por la leve compañía con que me han regalado hoy; la agradezco como hombre preocupado por el comercio de las ideas, jamás porque ella me haya producido esa indescriptible emoción que se siente cuando en voz, en el tono, en las palabras de un amigo que ha dejado de verse por mucho tiempo se advierten los recuerdos de un sitio en que uno fue feliz.
 Acaso para mi dicha, nunca fui feliz en la República Dominicana, ni como ser humano ni como escritor ni como ciudadano; en cambio sufrí enormemente en todas esas condiciones.
Hoy también he sufrido…Pues de mi reunión con ustedes he sacado una conclusión dolorosa, y es ésta: la tragedia de mi país ha calado mucho más allá de donde era posible concebir: La dictadura ha llegado a conformar una base ideológica que ya parece natural en el aire dominicano y que costará enormemente vencer; si es que puede vencerse alguna vez.
 No me refiero a hechos concretos relacionados con determinada persona; no hablo de que los dominicanos se sientan más o menos identificados con Trujillo, que defiendan o ataquen su régimen, que mantengan tal o cual idea sobre el suceso limitado de la situación política actual en Santo Domingo; no, mis amigos queridos: hablo de una transformación de la mentalidad nacional que es en realidad incompatible con aquellos principios de convivencia humana en los cuales los hombres y los pueblos han creído con firme fe durante las épocas mejores del mundo, por los que los guías del género humano han padecido y muerto, han sufrido y se han sacrificado.
Me refiero a la actitud mental y moral de ustedes  y por tanto de la mejor parte de mi pueblo – frente a un caso que a todos nos toca: el haitiano.
Antes de seguir desearía recordar a Uds. que hay una obra mía, diseminada por todo nuestro ámbito, que ha sido escrita, forjada al solo estimulo de mi amor por el pueblo dominicano. Me refiero a mis cuentos.
 Ni el deseo de ganar dinero ni el de obtener con ellos un renombre que me permitiera ganar algún día una posición política o económica ni propósito bastardo alguno dio origen a esos cuentos.
 Ustedes son escritores y saben que cuando uno empieza a escribir, cuando lo hace como nosotros, sincera, lealmente, no lleva otro fin que el de expresar una inquietud interior angustiosa y agobiadora. Así, ahí está mi obra para defenderme si alguien dice actualmente o en el porvenir que soy un mal dominicano. Hablo, pues, con derecho a reclamar que se me oiga como al menos malo de los hijos de mi tierra.
Los he oído a Uds. expresarse, especialmente a Emilio y Marrero, casi con odio hacia los haitianos, y me he preguntado cómo es posible amar al propio pueblo y despreciar al ajeno; cómo es posible querer a los hijos de uno al tiempo que se odia a los hijos del vecino, así, sólo porque son hijos de otros. 
Creo que Uds. no han meditado sobre el derecho de un ser humano, sea haitiano o chino, a vivir con aquel mínimo de bienestar indispensable para que la vida no sea una carga insoportable; que Uds. consideran a los haitianos punto menos que animales, porque a los cerdos, a las vacas, a los perros no les negarían Uds. el derecho de vivir…
Pero creo también – y espero no equivocarme – que Uds. sufren una confusión; que Uds. han dejado que el juicio les haya sido desviado por aquéllos que en Haití y en la República Dominicana utilizan a ambos pueblos para sus ventajas personales.
 Porque eso es lo que ocurre, amigos míos. Si me permiten he de explicárselo: El pueblo dominicano y el pueblo haitiano han vivido desde el Descubrimiento hasta hoy – o desde que se formaron hasta la fecha – igualmente sometidos en términos generales.
 Para el caso no importa que Santo Domingo tenga una masa menos pobre y menos ignorante. No hay diferencia fundamental entre el estado de miseria e ignorancia de un haitiano y el de un dominicano, si ambos se miden, no por lo que han adquirido en bienes y conocimientos, sino por lo que les falta adquirir todavía para llamarse con justo título, seres humanos satisfechos y orgullosos de serlo. 
 El pueblo haitiano es un poco más pobre, y debido a esa circunstancia, luchando con el hambre, que es algo más serio de lo que puede imaginarse quien no la haya padecido en sí, en sus hijos y en sus antepasados, procura burlar la vigilancia dominicana y cruza la frontera; si el caso fuera al revés, sería el dominicano el que emigraría ilegalmente a Haití. 
 El haitiano es, pues, más digno de compasión que el dominicano; en orden de su miseria merece más que luchemos por él, que tratemos de sacarlo de su condición de bestia.
 Ninguno de Uds. sería capaz de pegar con el pie a quien llegara a sus puertas en busca de abrigo o de pan: y si no lo hacen como hombres, no pueden hacerlo como ciudadanos.
Ahora bien, así como el estado de ambos pueblos se relaciona, porque los dos padecen, así también se relacionan aquéllos que en Santo Domingo igual que en Haití explotan al pueblo, acumulan millones, privan a los demás del derecho de hablar para que no denuncien sus tropelías, del derecho de asociarse políticamente, para que no combatan sus privilegios, del derecho de ser dignos para que no echen por el suelo sus monumentos de indignidad.
 No hay diferencia fundamental entre los dominicanos y los haitianos de la masa; No hay diferencia fundamental entre los dominicanos y los haitianos de la clase dominante.
Pero así como en los hombres del pueblo en ambos países hay un interés común – el de lograr sus libertades para tener acceso al bienestar que todo hijo de mujer merece y necesita -,  en las clases dominantes de Haití y Santo Domingo hay choques de intereses, porque ambas quieren para sí la mayor riqueza.
 Los pueblos están igualmente sometidos; las clases dominantes son competidoras. Trujillo y todo lo que él representa como minoría explotadora desean la riqueza de la isla para sí; Lescot  y todo lo que él representa como minoría explotadora, también.
Entonces, uno y otro – unos y otros, mejor dicho – utilizan a sus pueblos respectivos para que les sirvan de tropa de choque: esta tropa que batalle para que el vencedor acreciente su poder. Engañan ambos a los pueblos con el espejismo de un nacionalismo intransigente que no es amor a la propia tierra sino odio a la extraña, y sobre todo, apetencia del poder total. Y si los más puros y los mejores entre aquéllos que por ser intelectuales, personas que han aprendido a distinguir la verdad en el fango de la mentira se dejan embaucar y acaban enamorándose de esa mentira, acabaremos olvidando que el deber de los más altos por más cultos no es ponerse al servicio consciente o inconsciente de una minoría explotadora, rapaz y sin escrúpulos, sino al servicio del hombre del pueblo, sea haitiano, boliviano o dominicano.
Cuando los diplomáticos haitianos hacen aquí o allá una labor que Uds. estiman perjudicial para la República Dominicana, ¿saben lo que están haciendo ellos, aunque crean de buena fe que están procediendo como patriotas? Pues están simplemente sirviendo a los intereses de esa minoría que ahora está presidida por Lescot como ayer lo estaba por Vincent.
Y cuando los intelectuales escriben – como lo ha hecho Marrero, de total motu proprio según él dijo olvidando que no hay ya lugar para el libre albedrío en el mundo – artículos contrarios a Haití están sirviendo inconscientemente – pero sirviendo – a los que explotan al pueblo dominicano y lo tratan como enemigo militarmente conquistado. No, amigos míos… Salgan de su ofuscación. 
Nuestro deber como dominicanos que formamos parte de la humanidad es defender al pueblo haitiano de sus explotadores, con igual ardor que al pueblo dominicano de los suyos. No hay que confundir a Trujillo con la República Dominicana ni a Lescot con Haití. Uds. mismos lo afirman, cuando dicen que Lescot subió al poder ayudado por Trujillo y ahora lo combate.
También Trujillo llevó al poder a Lescot y ahora lo ataca. Es que ambos tienen intereses opuestos, como opuestos son los de cada uno de los de sus pueblos respectivos y  los del género humano.
Nuestro deber es, ahora, luchar por la libertad de nuestro pueblo y luchar por la libertad del pueblo haitiano. 
Cuando de aquél y de este lado de la frontera, los hombres tengan casa, libros, medicinas, ropa, alimentos en abundancia; cuando seamos todos, haitianos y dominicanos, ricos y cultos y sanos, no habrá pugnas entre los hijos de Duarte y de Toussaint, porque ni estos irán a buscar, acosados por el hambre, tierras dominicanas en qué cosechar un mísero plátano necesario a su sustento, ni aquéllos tendrán que volver los ojos a un país de origen, idioma y cultura diferentes, a menos que lo hagan con ánimo de aumentar sus conocimientos de la tierra y los hombres que la viven.
Ese sentimiento de indignación viril que los anima ahora con respeto a Haití, volvámoslo contra el que esclaviza y explota a los dominicanos; contra el que, con la presión de su poder casi total, cambia los sentimientos de todos los dominicanos, los mejores sentimientos nuestros, forzándonos a abandonar el don de la amistad, el de la discreción, el de la correcta valoración de todo lo que alienta en el mundo. Y después, convoquemos en son de hermanos a los haitianos y ayudémosles a ser ellos libres también de sus explotadores; a que, lo mismo que nosotros, puedan levantar una patria próspera, culta, feliz, en la que sus mejores virtudes, sus mejores tradiciones florezcan con la misma espontaneidad que todos deseamos para las nuestras.
Hay que saber distinguir quién es el verdadero enemigo y no olvidar que el derecho a vivir es universal para individuos y pueblos. Yo sé que Uds. saben esto, que Uds., como yo, aspiran a una patria mejor, a una patria que pueda codearse con las más avanzadas del globo.
Y no la lograremos por otro camino que por el del respeto a todos los derechos, que si están hoy violados en Santo Domingo no deben ofuscarnos hasta llevarnos a desear que sean violados por nosotros en lugares distintos.
Yo creo en Uds. Por eso he sufrido. Creo en Uds. hasta el hecho de no dolerme que Marrero mostrara a Emilio el papelito que le escribí con ánimo de beneficiarlo y sin ánimo de molestar ni por acción ni por omisión a Emilio. En todos creo, a todos los quiero y en su claro juicio tengo fe. Por eso me han hecho sufrir esta tarde.
Pero el porvenir ha de vernos un día abrazados, en medio de un mundo libre de opresores y de prejuicios, un mundo en que quepan los haitianos y los dominicanos, y en el que todos los que tenemos el deber de ser mejores estaremos luchando juntos contra la miseria y la ignorancia de todos los hombres de la tierra.
Mándenme como hermano y ténganme por tal.

Juan Bosch.

CON LOS OJOS CERRADOS

Y una oleada de pequeñas mariposas fue inundando el cielo de la casa. Diminutas, saltarinas, viajeras que quizás buscaban su alborada ...