lunes, diciembre 28

El Cuerpo del Delito: Declaración jurada que fue encontrada entre las páginas de la bitácora muchos años después del naufragio

Cadena Perpetua
Me declaro culpable sin remordimiento
ni miedo al castigo inminente en estos casos,
confieso, en pleno juicio de mis facultades,
que aún te espero y deseo
que tu imagen llueve desde mis laberintos,
que hurgo sin recato en el delito de tu recuerdo
para retomar a mano armada los cuerpos ansiados,
el tuyo y el mío, ensementados flúvicos.

Mi condena es perpetua por reincidente,
por quererte de forma irreprimida,
por perversar una y otra vez nuestros pliegues
y relamer todos los versos guardados
con el agravante de pensarlos, retomarlos y liberarlos
para hidratarnos de todos presentes posibles.

Mi alegato de culpabilidad es irrevocable,
alego legítima defensa sin entrampamientos,
exijo el cumplimiento de mi condena,
por amarte irremediablemente con alevosía
desde tus ojos de mar, del vino entre nuestros labios,
así, ensalivados de sueños, escaleras y futuros
hacia las idas y venidas de nuestras manos
sentir el dolor erecto que ansía el néctar de dos sabores:
ese dueto de gemidos en sol mayor para una sonata de salitre.

No pido indulto u otra clemencia leniente,
no aspiro a la libertad condicional
o menos aún, reducción por buen comportamiento,
no aplaques mi dolor ni el castigo,
duéleme hasta que no duela más,
condéname inminentemente a la muerte constante,
condénate a morirnos de lenguas y miradas,
condenémonos sin remedio a revivirnos,
a morir y remorir entre tu piel y la palabra,
a renacer y volver a morir condenada a tu aliento,
condenada a nuestro orgasmo perpetuo
para morir y morirte hasta el fin de los días,
para que me mueras desde nuestro cuerpo del delito
hasta la eternidad, juntos, sin arrepentimientos.
Ana María Fuster,

Puertorriqueña, antillana, universal

EVARISTO LAGUNA: Dos historias y una utopía por la convivencia pacífica