lunes, septiembre 7

El Artista

estatua de bronce Pictures, Images and Photos


Un día nació en su alma el deseo de modelar la estatua
del «Placer que dura un instante».
Y marchó por el mundo para buscar el bronce, pues
sólo podía ver sus obras en bronce.
Pero el bronce del mundo entero había desaparecido
y en ninguna parte de la tierra podía encontrarse,
como no fuese el bronce de la estatua del
«Dolor que se sufre toda la vida».
Y era él mismo con sus propias manos
quien había modelado esa estatua,
colocándola sobre la tumba del único
ser que amó en su vida. Sobre la tumba del ser amado
colocó aquella estatua que era su creación,
para que fuese muestra del amor del hombre
que no muere nunca y como símbolo del dolor del hombre,
que se sufre toda la vida. Y en el mundo entero
no había más bronce que el de aquella estatua.
Entonces cogió la estatua que había creado, la
colocó en un gran horno y la entregó al fuego.
Y con el bronce de la estatua del «Dolor que se
sufre toda la vida»  modeló la estatua del
«Placer que dura un instante».

Cazador de metáforas rompedoras

Daniel Ruiz publica dos arriesgadas novelas sobre la marginalidad y el rock
JAVIER MARTÍN-ARROYO - Sevilla - 07/09/2009

"La calle también está llena de canciones, toda ella es una enorme canción, deliciosa y aberrante, deforme y excesiva, un tremendo sampleado de susurros y gritos y risas y llantos y otras canciones, en cada callejón se esconde una melodía, en cada portal hay un acorde". Pero aunque las melodías sobrevuelen las aceras, para cazarlas hace falta un oído presto y la capacidad de hacerse invisible. Meterse en las tripas de las bandas callejeras y los quinquis, los bares de la noche, y hacerlo con estilo, un estilo poético que desarma al lector, es de nota.

"Tengo un problema: soy 'supercotilla' y me pasaba horas oyendo a los quinquis"

Daniel Ruiz (Sevilla, 1976) ha publicado dos obras, Perrera y La canción donde ella vive, que coinciden en las librerías pese a haberse escrito con anterioridad y en distintos años. Son dos dardos que describen mundos como la marginalidad y la noche con un estilo poético, mezclado con metáforas rompedoras aplicadas a la vida canalla.
"No pidas buen gusto a un hotel del extrarradio,
no le exijas sencillez ni paredes desnudas
ni mesillas de noche sin centros de flores de plástico,
no busques recepcionistas sin bocas congeladas en sonrisas impecables,
no quieras evitar ese horripilante hilo musical que contamina los pasillos plagados de du-du-a y de la-la-la, tampoco intentes sortear a los grupos de ancianos parapetados con gorras y guayaberas dispuestos a someterse a cualquier tortura disfrazada de actividad de ocio",

desgrana Ruiz en La canción donde ella vive.

Habla a la velocidad del rayo. Con pasión y retranca, explica cómo se dirige a un lector especial, minoritario, que saborea las palabras y comparte la calle como ágora de las pandillas.
"Tengo un problema: soy supercotilla y me pasaba horas escuchando desde mi balcón, que daba a un callejón donde todos los quinquis se paraban a beber y fumar. Me atrapaba la forma áspera de relacionarse entre ellos. Conceptos como la caricia y el beso los sustituían por el mordisco o la bofetada. Y sabía que ahí había una novela".

A partir de ahí, Ruiz parió Perrera, una radiografía de esa generación perdida. La trama funciona al relatar el sombrío día a día de adolescentes rebeldes, pero lo que hace despuntar a la novela es un estilo trepidante e inconfundible que aplica metáforas de altura al chapero, a los canutos, al rock.
"Para que mi estilo sea sórdido, necesita urgencia.
Creo que tiene que tener el sentido de la inmediatez.
Mi concepto de la literatura se sustenta en dos pivotes:
la rabia y la reflexión sobre la fealdad", explica.

Ruiz mezcla voces y juega a los contrastes impúdicos con conversaciones que el lector, más que leer, bebe. No hay puntos y aparte. Sólo se respira entre capítulo y capítulo. Puso su lupa sobre los adolescentes difíciles al escribirla en 2004, en la línea de películas de estreno posterior como la sevillana Siete vírgenes. "Quizá se ha publicado un poco tarde", apunta.

El joven escritor ganó con su primera novela, Chatarra, el I Premio del Certamen de Novela de la Universidad Politécnica de Madrid, y luego basada en esta historia se rodaría un corto preseleccionado para los Oscar en 2007. Su segunda novela, Perrera, ha sido publicada por la editorial gaditana Dum Spiro Ediciones.

La tercera obra es La canción donde ella vive (Calambur Narrativa), en la que Mario, un pinchadiscos, cuenta la historia de su relación de amor fatal. De fondo, suenan melodías de The Beatles, The Rolling Stones, The Who y The Beach Boys. Las referencias son musicales pero también cinéfilas. La musa de esta historia es una mujer fatal más cercana a Marianne Faithful y Patti Smith que a Lauren Bacall. "Más enfangada", matiza.
"Pretendo que mi literatura se lea como si fueran canciones.
Se bebe y se lee de un tirón aunque, por supuesto,
a veces la literatura necesita un parón para paladearla".

El tono onírico que respiran sus novelas tiene su explicación. Ruiz amanece y se sienta cada día para fabular de cinco de la madrugada a ocho, cuando acude a su trabajo como periodista. "La vigilia tiene más profundidad y una bellaquería que no se me ocurriría a las 12.00, ya desayunado".
http://www.elpais.com/articulo/andalucia/Cazador/metaforas/rompedoras/elpepuespand/20090907elpand_16/Tes

EVARISTO LAGUNA: Dos historias y una utopía por la convivencia pacífica