martes, diciembre 16

LOS PERROS DEL SEÑOR

De PERROS


Dominicanis, aquí estamos. Deambulamos, nos morimos de hambre, ni siquiera tenemos la esperanza de que nos envenenen. Ni a eso se atreven. Si quieren juzgar el nivel de desarrollo de un pueblo, observen la calidad de sus bestias. Más famélicos, sarnosos y perdidos no podemos estar. ¿Alguien que llame a la Sociedad Protectora de dominicanis?

Una boca pálida, por Farah Hallal

Una mano sangrante se me funde en el pecho. La perfección del pétalo tiene este charco de sangre. Una  boca muere gozosa y poseída, ...