miércoles, noviembre 12

Entre apagón y chantaje


ESTOY DE ACUERDO. Medio siglo aguantando algo que nadie pone voluntad en arreglar es sencillamente estrambótico, absurdo, inaudito. Si pasaron 8 años y no se pudo, bueno... pero que a estas alturas no exista ni una esperanza y se sigan argumentando razonamientos contradictorios, ya esto no tienen nombre ni luz. ¿O será que los que venden las plantas, los inversores, las baterías y demás artefactos "imprescindibles" cuando no deberían serlo, tienen algo que ver con que esto no eche ni pa trás ni pa lante... Yo no sé, pero estoy muy harta y aburrida de que la vida dependa de una maldita bomba para halar agua, un inversor para poder escribir una carta, y ese ruido atronador por donde quiera que pasamos. BASTA YA!

Entre apagón y chantaje
Ramón Tejada Read

Y de nuevo a los apagones. Veintidós años de Balaguer, doce del PRD y ocho de Leonel y el PLD. Cuarenta años y el problema sigue. Probablemente agravado.
A once años de la capitalización y a siete de los desventurados Acuerdos de Madrid, que vinieron a empeorarlo todo haciendo concesiones inexplicables a negociantes a todas luces inescrupulosos.
Otra vez, de nuevo a los apagones. ¡Esta vez con el petróleo en baja!
¿Es por el déficit del gobierno? Nadie sabe. El gobierno dice lo de siempre o no dice nada.
Las generadoras y distribuidoras privadas tampoco dicen nada. Peor, ponen a otros a decir cualquier cosa y a reclamar deudas astronómicas y nos colocan de nuevo entre apagones y chantaje.
Si el gobierno es tan malapaga y el negocio es tan malo, ¿por qué no lo abandonan?
En realidad, se trata de uno de los negocios más fabulosos, más ineficientes y menos transparentes, al que el gobierno parece rendido en cuerpo y alma.
Cientos de millones de dólares en subsidios cada año, pero la deuda siempre es la misma y el compromiso de inversión e innovación es ninguno.
Y entre apagón y chantaje está el pueblo, tan abandonado, desprotegido y desinformado como siempre.

UN DIOS PERSONAL


Un niño marciano y un escritor que toca fondo. Una candidata presidencial colombiana que toca fondo al ser separada de sus quereres, de su vida mimada. Ambos encuentran a Dios. Pero no el que se predica desde un intérprete. No el que buscan por miedo a la libertad millones de feligreses en el mundo, pues necesitan traductores, mediadores o intermediarios. El Dios real es la parte conciente de cada quien. Ese es el verdadero.


Ingrid Betancourt: 'En la selva conocimos el dolor en todas sus dimensiones'
12:29 | La ex rehén de las FARC narró las terribles experiencias que le tocó vivir durante más de seis años de cautiverio


Madrid (EFE).- Tras sufrir un cautiverio de más de seis años a manos de la guerrilla de las FARC, la colombiana Ingrid Betancourt, Premio Príncipe de Asturias de la Concordia 2008, asegura que en la selva conoció el dolor "en todas sus dimensiones".

"Nosotros (los secuestrados) llevábamos el dolor del mundo en todas sus expresiones", señala Betancourt en una entrevista publicada en "El país semanal", suplemento dominical del diario español "El País".

A lo largo de ocho páginas, repletas de fotos que recuerdan momentos de su infancia, adolescencia, cautiverio y posterior liberación, la colombiana repasa su particular "infierno" en la selva, "un lugar donde no hay horizonte, no hay caminos, no puedes salir...".

"La selva es un lugar hostil. Todo duele en ella. La piel no es un espacio de protección, sino de dolor. Comer duele, ir al baño duele, bañarse duele, vivir duele, respirar duele, no ver el cielo duele, no ver a las personas que uno ama duele", detalla Betancourt.

Del largo pasar de los días sin ver la luz del sol, porque "nos encontrábamos siempre en lugares muy tupidos para no ser localizados", puntualiza, recuerda los incesantes sonidos "lúgubres" de los animales y, en la noche, "los gemidos de los compañeros que lloran dormidos y gritan sus pesadillas".

"Me cuesta trabajo hablar de ello, todavía no he podido. Hay un inmenso sufrimiento y se puede hacer muy poco por aliviarlo. Yo pienso que el diablo vive en la selva", asevera.

Interpelada por el escritor español Juan José Millás, autor de la entrevista, sobre aquella imagen que dio la vuelta al mundo, en la que aparecía, "delgada, demacrada y triste", Betancourt asegura que en aquel momento (el de la foto) pensó en la muerte "como una liberación".

"Mi recuperación posterior fue el resultado de una serie de milagros. A la enfermedad del cuerpo y la tristeza infinita del alma llegó también la resignación de la muerte. No llegaba respuesta, sabía que me estaba apagando y me pareció que tenía que aceptar y preparar a mis niños y a mi mamá", dice.

La colombiana se refiere también a la carta que, junto con la fotografía, fue incautada a la guerrilla en 2007 por el Ejército colombiano.

"Esa carta fue prácticamente un testamento, quería decirles que yo les amaba, y que estaba feliz y agradecida a Dios de lo que había vivido", explica.

En estos seis años de cautiverio Betancourt asegura que su fe ha salido reforzada y que en la selva se ha dejado "mucha impaciencia, mucha bobada" y se ha traído a Dios.

"Descubrí un Dios con sentido del humor, de la autoridad. Un Dios que educa, que ama. Un Dios que me ofreció libertad", señala.

A pesar de todo lo vivido, afirma que no guarda rencor, ni deseo de venganza, "sino amor", y reconoce que su esquema mental del conflicto que envuelve a la sociedad colombiana también ha cambiado.

"Cuando yo hacía política en Colombia pensaba que había que cambiar las estructuras del poder. Hoy pienso que hay que cambiar el alma del pueblo colombiano y la de cada uno de nosotros en nuestra identidad individual. Hay que cambiar el mundo. Lo increíble es que pienso que es posible", confiesa.

EVARISTO LAGUNA: Dos historias y una utopía por la convivencia pacífica