martes, septiembre 9

DULCE MARÍA LOINAZ, perfecta


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(Dulce María Loynaz - Música Amaury Pérez)

La mujer que tiene su amor en el mar
es como más fina o más irreal:
Va sobre la tierra y parece que va
sobre el agua. -Un agua que no se ve ya...-

La mujer que ama un amor de mar
tiene finos barcos en fuga detrás
de los ojos claros como de cristal,
no mira de frente ni quiere mirar...

La mujer que tiene su amor en el mar,
más tiene una estrella en la inmensidad...

Más tiene las puertas que no la tendrán,
que tienen a otras que lo besarán...
¡Más tiene los puertos clavados en la
frente blanca... blanca de esperar!

¡Se vuelve de perla de blanca que está!
Se le muere en ola toda la eternidad.
Le sube a los ojos, fiel la pleamar
y un filo de arena la puede turbar...

La mujer que tiene su amor en el mar,
más tiene una estrella en la inmensidad...

Se dará a sí misma, pero no dará nada...
Más la lluvia, la rosa dará.
Se busca en sus manos sin poderse hallar,
que si ella no es de ella, de nadie será.

Va por los caminos y no llegará:
Va por entre rosas... ¡No las olerá!
La besas y el beso se te vuelve sal...
Concha de inquietudes, espuma fugaz,
la mujer que tiene su amor en el mar...

(1997)


No es lo mismo escucharla en Santo Domingo que en Madrid. No es lo mismo. Es una de las canciones más hermosas de "mi repertorio", porque así como algunos escritores crean antologías, yo vivo haciendo recopilaciones diariamente.

Estribillo del amor de mar me remite invariablemente a la dama de la isla, a una Penélope isleña, a quien sublimó el amor porque la realidad no le satisfacía, a quien no se puede llamar enajenada porque el romanticismo la eleva... Es tan enriquecedor escucharla. Me llena de plenitud. Excelente trabajo de Amaury Pérez. Magníficos los versos de una de las pocas mujeres que han obtenido el Premio Cervantes, ¡qué orgullo que sea antillana!


Alcalá de Henares en día de elecciones

Confieso que la extraño. Extraño el orden, el "silencio" (en comparación con esta contaminación ambiental que nos hace ser protagonistas a como de lugar: mírenme, mírenme).
Extraño las aceras por donde caminar leyendo El País, sin miedo a meter la pata en un hoyo, charco o tropezar con un paloelú;
Extraño las ofertas de los diarios (me simporta si eran de derechas o de izquierda: yo quiero esa peli, ese libro, esa colección...);
Extraño los pasos cebra en los que los carros se detienen para que tú pases (todavía no lo puedo creer);
Extraño salir a echar la basura supuestamente a unas horas determinadas so pena de que el vecino te denuncie o te eche un boche;
Extraño los contenedores de basura azul, amarillo y verde, etc.;
disfrutar del anonimato total y absoluto porque la educación enseña a no mirar descaradamente y a ser indiferentes, pues cada quien anda en lo suyo...
Extraño la legía (¿seré mazoquista?) que de verdad blanquea y no esta cosa que amarillea la ropa blanca;
Extraño a mis vecinas entregadas a las tareas de educar, alimentar y nutrir en todos los sentidos a sus hijos y a sus maridos, relegando a otra vida sus propias necesidades;
Extraño hasta a aquella andaluza que dijo que cocinaba, se mantenía bien arreglada y no sé qué más "porque a los hombres les gusta";

Extraño las pequeñas tormentas de las reuniones de vecinos (sólo fui dos veces, pero me enteraba hasta de la pelirroja que se puso a tomar el sol en bikini: los hombres aprobaban, las mujeres condenaban), "problemas" que no lo eran para mi mente subdesarrollada;
Extraño hasta la siesta y a mi amiga profesional que fue capaz de decirme cuando le toqué el timbre: "Ahora estoy ocupada y no te puedo atender". Entonces no tenía consulta. Yo en cambio, dejaba que se me quemara la comida con tal de no decirle semejante cosa;

Hoy me han dicho "fundamentalista" porque he defendido el derecho de una perra a escapar de la tormenta, porque hace meses que no se baña, porque, me argumentan, y no dejan de tener razón "está lloviendo y sería inútil desparasitarla, porque los perros tienen que oler a perro" y yo no lo entiendo del todo, porque como humana =mitad ángel+mitad bestia, si dejara que saliesen mis olores ¡ay!...

Acepto que soy fundamentalista. No en vano pasé por la iglesia bautixta, mis mejores amigas son metodistas, aunque hay una o dos metafísicas; me encanta el rito de la misa católica y el espíritu de las catedrales, respeto a los sacerdotes y defiendo a los pastores protestantes en tanto no prueben su falta de decoro (todavía admiro a uno que tenía el don de la oratoria); compro las revista de los Testigos de Jehová; me parecen buenísimas las publicaciones de los Adventitas del Séptimo día (tengo amigos íntegros ahí); recuerdo con cariño a una persona pentecostal; adoro los cuentos sufíes, la filosofía zhen y tengo una reproducción de la diosa de la misericordia: Guan-yin; tengo una linda anécdota sobre las figuras éróticas de los templos hindúes; dejo entrar por mis ojos un mundo diverso, plural, universal que me apasiona, me asquea, me encandila, me mata y me da vida.

Tengan cuidado conmigo. Condeno y juzgo. Opino y tengo ideas. Lo que es peor: las pongo en práctica. Ahora entiendo por qué no se puede vivir conmigo. ME HE CREÍDO A PIES JUNTILLAS QUE SOY UN SER HUMANO Y TENGO DERECHOS Y DEBERES. Sobre todo, he aprendido con el tiempo a decir lo que pienso. Soy una verdadera terrorista.
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Una boca pálida, por Farah Hallal

Una mano sangrante se me funde en el pecho. La perfección del pétalo tiene este charco de sangre. Una  boca muere gozosa y poseída, ...